Una buena decisión puede producir un mal resultado

Decisiones · Post-mortem · Sesgos

El resultado no valida el proceso. Y confundirlos hace que aprendamos la lección equivocada.

10 DE AGOSTO DE 2026 · 4 MIN DE LECTURA

Tenemos una tendencia bastante natural a evaluar nuestras decisiones por lo que ocurrió después: si salió bien, pensamos: fue una buena decisión. Si salió mal: me equivoqué. La confusión está en que el resultado no valida el proceso.

Una decisión puede haber sido temeraria y terminar bien. Si confundimos ese buen resultado con una buena decisión, probablemente repetiremos el comportamiento. Hasta que un día deje de funcionar.

Y puede ocurrir exactamente lo contrario: haber tomado una buena decisión, con la información disponible y un proceso razonablemente sólido, y obtener un mal resultado porque la ejecución falló o porque ocurrió algo que no podíamos controlar. Si concluimos simplemente “me equivoqué”, también estaremos aprendiendo la lección equivocada.

 

 

LA FÓRMULA:

Resultado = Decisión + Ejecución + Suerte

 

Por eso me resulta útil separar el resultado en tres componentes:

Decisión

Es la calidad del proceso que conduce a elegir: qué información recogimos, cómo la interpretamos, qué alternativas contemplamos y qué criterios utilizamos. La pregunta no es si acertamos, sino si decidimos bien con lo que podíamos saber en ese momento.

Ejecución

Una buena decisión todavía tiene que convertirse en realidad. La ejecución puede reforzarla, modificarla o arruinarla. La estrategia que parecía impecable en un PowerPoint puede fracasar por cómo se comunica, quién la ejecuta, el momento elegido o la incapacidad de trasladarla a acciones concretas.

En la Teoría de la Triple C, la Comunicación incluye precisamente esa dimensión: la decisión se hace visible mediante palabras, acciones, gestos o incluso silencios.

Suerte

Y después está todo aquello que no controlamos: el momento de mercado, una reacción inesperada, una pandemia, un competidor, una enfermedad o que algo improbable ocurra precisamente esta vez.

La suerte existe, solo que no todo lo que llamamos suerte lo era realmente. A veces era información que no buscamos, una probabilidad que estimamos mal, una reacción que no anticipamos o un riesgo cuya consecuencia podríamos haber preparado mejor.

Por eso un buen proceso de decisión no elimina la incertidumbre, pero sí puede reducir la parte del resultado que dejamos innecesariamente al azar.

El resultado nos engaña

El sesgo llamado outcome bias se refiere a la tendencia a juzgar la calidad de una decisión por su resultado en lugar de por el proceso que llevó a ella. Y se mezcla fácilmente con otros errores: una vez conocemos el desenlace, nos parece mucho más previsible de lo que realmente era; cuando algo sale bien, tendemos a atribuirnos más mérito, y cuando sale mal, resulta tentador atribuirlo a las circunstancias.

Todo esto hace que podamos aprender mal de nuestra propia experiencia.

Por eso el post-mortem debería separar las tres cosas

Después de una decisión importante, preguntaría por separado:

Decisión. ¿Fue riguroso el proceso? ¿Qué información faltaba? ¿Qué alternativa no contemplamos? ¿Qué dimos por supuesto?

Ejecución. ¿Lo que hicimos correspondía realmente con lo que habíamos decidido? ¿Dónde se perdió algo entre la intención y la realidad?

Suerte. ¿Qué estaba verdaderamente fuera de nuestro control? ¿Y qué estamos llamando suerte que quizá podríamos haber anticipado, reducido o gestionado?

Solo entonces tiene sentido preguntarse qué aprender para la siguiente vez. No por mortificarnos con lo que creemos que hicimos «mal», sino para aprender de la experiencia y mejorar nuestras decisiones futuras.

El objetivo no puede ser garantizar buenos resultados. Eso no está en nuestras manos. Lo que sí podemos intentar es mejorar sistemáticamente la parte que controlamos: decidir mejor, ejecutar mejor y dejar menos cosas al azar.

Un buen resultado no convierte una mala decisión en buena. A veces solo la esconde.

La separación entre decisión, ejecución y suerte forma parte de la Teoría de la Triple C, uno de mis marcos registrados.

© 2026 Paula Almansa. Contenido original. Puedes compartirlo y citarlo libremente, mencionando a Paula Almansa como autora y enlazando a la fuente original.

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